Mantenimiento Programado
La
fiabilidad y la disponibilidad de una planta de cogeneración dependen, en
primer lugar, del diseño y de la calidad de su montaje. Si se trata de un
diseño robusto y fiable, y la planta ha sido construida siguiendo fielmente su
diseño y utilizando las mejores técnicas disponibles para la ejecución, depende
en segundo lugar de la calidad de la operación. Evitar los disparos a plena
carga, las maniobras bruscas innecesarias, evitar trabajar con parámetros
anormales durante largos espacios de tiempo, operar con los valores de los
diferentes parámetros en los puntos apropiados, etc., es responsabilidad de los
operadores, y los problemas técnicos de la planta van a estar en gran medida
condicionados por la forma de operar.
En tercer y
último lugar, fiabilidad y disponibilidad dependen del mantenimiento que se
realice. Si el mantenimiento es básicamente correctivo, atendiendo sobre todo
los problemas cuando se presentan, es muy posible que a corto plazo esta
política sea rentable. Debemos imaginar el mantenimiento como un gran depósito.
Si realizamos un buen mantenimiento preventivo, tendremos el depósito siempre
lleno. Si no hacemos nada, el depósito se va vaciando, y puede llegar un
momento en el que el depósito, la reserva de mantenimiento, se haya agotado por
completo, siendo más rentable adquirir un nuevo equipo o incluso construir una
nueva planta que atender todas las reparaciones que van surgiendo.
Debemos
tener en cuenta que lo que hagamos en mantenimiento no tiene su consecuencia de
manera inmediata, sino que los efectos de las acciones que tomamos se revelan
con seis meses o con un año de retraso. Hoy pagamos los errores de ayer, o
disfrutamos de los aciertos.
La ocasión
perfecta para diseñar un buen mantenimiento programado que haga que la
disponibilidad y la fiabilidad de una planta de generación eléctrica sea muy
alta, es durante la construcción de ésta. Cuando la construcción ha finalizado
y la planta es entregada al propietario para su explotación comercial, el plan
de mantenimiento debe estar ya diseñado, y debe ponerse en marcha desde el
primer día que la planta entra en operación. Perder esa oportunidad significa
renunciar a que la mayor parte del mantenimiento sea programado, y caer en el
error (un grave error de consecuencias económicas nefastas) de que sean las
averías las que dirijan la actividad del departamento de mantenimiento.
Es muy
normal prestar mucha importancia al mantenimiento de los equipos principales
(motor alternativo, turbina de gas, turbina de vapor, alternador, caldera), y
no preocuparse en la misma medida de todos los equipos adicionales o
auxiliares. Desde luego es otro grave error, pues una simple bomba de
refrigeración o un simple transmisor de presión pueden parar una planta y
ocasionar un problema tan grave como un fallo en la turbina o en el alternador.
Conviene, pues, prestar la atención debida no sólo a los equipos más costosos
económicamente, sino a todos aquellos capaces de provocar fallos críticos.
Un buen plan
de mantenimiento es aquel que ha analizado todos los fallos posibles, y que ha
sido diseñado para evitarlos. Eso quiere decir que para elaborar un buen plan
de mantenimiento es absolutamente necesario realizar un detallado análisis de
fallos de todos los sistemas que componen la planta.
Por
desgracia, esto raramente se realiza. Sólo en los equipos más costosos de la
planta de cogeneración suele haberse realizado este pormenorizado análisis, y
lo suele haber realizado el fabricante del equipo. Por ello, en esos equipos
principales debe seguirse lo indicado por el fabricante. Pero el resto de
equipos y sistemas que componen la planta, capaces como hemos dicho de parar la
planta y provocar un grave problema, también deben estar sujetos a este
riguroso análisis.
Ocurre a
veces que no se dispone de los recursos necesarios para realizar este estudio
de forma previa a la entrada en funcionamiento de la planta, o que ésta ya está
en funcionamiento cuando se plantea la necesidad de elaborar el plan de
mantenimiento. En esos casos, es conveniente realizar este plan en dos fases:
1. Realizar
un plan inicial, basado en instrucciones generales, en la experiencia de los
técnicos, en las recomendaciones de los fabricantes y en las obligaciones
legales de mantenimiento que tienen algunas instalaciones. Este plan puede
elaborarse con rapidez. Hay que recordar que es mejor un plan de mantenimiento
incompleto que realmente se lleva a cabo que un plan de mantenimiento
inexistente. Este plan de mantenimiento inicial puede estar basado únicamente
en las instrucciones de los fabricantes, en instucciones genéricas para cada
tipo de equipo y/o en la experiencia de los técnicos.
2. Realizar
un análisis de fallos de cada uno de los sistemas que componen la planta. Este
análisis permitirá no sólo diseñar el plan de mantenimiento, sino que además
permitirá proponer mejoras que eviten esos fallos, crear procedimientos de
mantenimiento o de operación y seleccionar el repuesto necesario.
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